El repunte de contagios y la incertidumbre económica frenan las ventas en el pequeño comercio y la hostelería
La ACMO destaca la seguridad que supone comprar en tiendas de barrio y anuncia nuevas campañas para incentivar el consumo local tras dar por terminada «una buena vuelta al cole»
El pequeño comercio de Orihuela y su hotelería, dos sectores que aportan vida a las ciudades, afrontan su época más difícil, la más dura, la más desesperanzadora. Ni la crisis de 2008 ni las pérdidas que ocasionó la DANA tuvieron repercusiones similares en la subsistencia de estos negocios como está teniendo la pandemia.
En este sentido, la Asociación de Comerciantes del Municipio de Orihuela (ACMO), la agrupación profesional más numerosa de la ciudad con más de un centenar de asociados, reconoce que las ventas cayeron en marzo, cuando se declaró el primer Estado de Alarma y hubo que bajar la persiana. Una vez se pudo reabrir, sin embargo, resalta que la ciudadanía oriolana ha manifestado una evidente confianza en el comercio de su ciudad que ha propiciado que la demanda se recuperara e incluso mejorara en verano. Con las rebajas estivales de por medio, los establecimientos han podido dar salida a una parte del estocaje que quedó en los percheros con el confinamiento domiciliario de la población.
Sin embargo, el progresivo empeoramiento de la situación epidemiológica en la ciudad, con una escalada paulatina en la cifra de contagios y la implantación de restricciones sanitarias excepcionales, han venido a retraer la demanda en las últimas dos semanas.
En este sentido, Adolfo Valero, presidente de ACMO, destaca que el sentimiento generalizado de incertidumbre derivado de las propias consecuencias que la crisis sanitaria está teniendo sobre el empleo y la actividad económica está frenando las ventas, así como también el miedo al contagio.
«La gente tiene miedo y el miedo no ayuda a la venta», expone Valero de forma muy gráfica.
Si bien, Valero remarca que la seguridad que aporta comprar en un comercio de barrio es difícilmente superable, puesto que se controla mucho mejor el aforo y el correcto cumplimiento de las medidas de seguridad sanitaria, como el uso de gel hidroalcohólico y la mascarilla.
Es más, la ciudadanía ha entendido ya que cada vez que un comercio, bar, cafetería o restaurante cierra, la ciudad se desangra un poco. Pierde vida y las calles comerciales se degradan de forma progresiva.
Temor a un nuevo confinamiento
Preguntado por ‘la amenaza’ de un segundo confinamiento domiciliario, con el consiguiente cierre de la hostelería y comercios no esenciales, Valero lo tiene claro: sería difícilmente superable para muchos y llevaría al cierre a varios. Ahora bien, sostiene Valero que la salud es lo primero y que, de producirse, mejor que fuera en breve, para tratar de salvar la Navidad, que prolongar la agonía. Y es que con la Navidad ya encima, otro cierre generalizado dejaría a los negocios sin oxígeno.
El representante de un amplio espectro del sector comercial oriolano insiste en que todos los establecimientos aplican de forma escrupulosa las medidas de seguridad sanitaria. Por ello, llama a la ciudadanía a apostar por el comercio y la hostelería de su barrio, de su ciudad, y destaca eso que se conoce como economía circular, esto es, lo que se compra en un comercio o se consume en un bar de barrio retorna en beneficios para la propia ciudad y sus ciudadanos. Máxima que ACMO aplica también en las campañas promocionales que desarrolla cada mes y que vienen a premiar el consumo individual.
Sin cabalgata de Reyes, desfile de Papá Noel ni ningún otro acto navideño tradicional
Por el momento, las autoridades locales oriolanas evitan pronunciarse sobre si habrá cabalgata de Reyes y desfile de Papá Noel o cualquier otro acto tradicional, como puede ser el Pregón de Navidad. Ahora bien, a nadie escapa ya que la Navidad de este 2020 no será una Navidad típica. Parece impensable, hoy por hoy, que en poco más de un mes mejore tanto la situación epidemiológica que sea posible la celebración de cualquier actividad que conlleve la concentración de público. De hecho, a estas alturas, concejalías como la de Festividades y Comercio trabajaban ya contrarreloj en la organización de los mismos. Por el contrario, en esta ocasión, todas las gestiones administrativas para ello se encuentran paradas y sin visos de coger ritmo.
Por ello, los comerciantes y hosteleros oriolanos ya trabajan con el horizonte de unas próximas fiestas navideñas desprovistas de los atractivos habituales, los mismos que llevan a los ciudadanos a las calles y a sus comercios y restaurantes. No obstante, confían en que se mantengan ciertos alicientes como la iluminación y la ambientación callejera, dado que la campaña de Navidad es la más importante de todo el año al llegar a concentrar hasta el 35% de las ventas anuales.






